Madre

Con esta palabra empieza todo en la vida, de ella venimos y a ella estamos unidos a través de un cordón umbilical que nada puede romper. La madre es la persona más importante en la vida de uno, y en homenaje a todas las madres del mundo quiero compartir una canción de uno de mis cantautores y poetas favoritos, Marwan. Os recomiendo sus letras, especialmente ésta. Espero que os guste tanto como a mi.

Para mi, la palabra madre ha tenido diferentes significados a lo largo de mi vida, en los primeros años de la infancia, mi madre lo era todo, me parecía preciosa con su melena rubia, siempre arreglada y con sus zapatitos de tacón caminando a toda velocidad. Mi madre era para mi la mujer más lista del planeta, me hacía las comidas más ricas y a su lado sentía que el mundo era un lugar seguro.

Más tarde, en mi adolescencia, mi madre empezó a tratarme de manera diferente, ¿Qué pasó?¿Qué había cambiado tanto entre nosotras? Imagino que la que había cambiado era yo, y mi madre tuvo que adaptarse a esa nueva persona que habitaba en mi cuerpo, aunque ésta es una reflexión hecha ahora desde mi madurez, así que no cuenta.

En aquella época mi madre pasó a ser alguien en quien simplemente, no podía confiar. Ya no hablábamos el mismo idioma, no me comprendía ni entendía mis necesidades, me sentí más sola que nunca en esa etapa tan delicada de mi vida y nuestra relación se enfrió tanto que a veces llegué a odiarla y este vínculo amor-odio se instaló en nuestras vidas durante muchos muchos años.

A medida que fui madurando, la relación con mi madre pasaba por diferentes estados, yo tuve que aprender que una madre es también una mujer, con su vida, sus preocupaciones, sus fallos, sus momentos buenos y malos, y pienso que ella también tuvo que aprender lo mismo de mi; verme crecer, independizarme, tomar mis propias decisiones, equivocarme, acertar, caer y levantarme. El tiempo ayudó a que ella pudiera verme desde otro ángulo, y nuestra relación se relajó, porque yo ya no dependía de ella, y ella dejó de serlo todo para mi. Aprendí a encontrar mi propio camino, aprendí a abrirme en otras direcciones y sobretodo, aprendí algo muy importante; que la calidad de la relación con mi madre marcó una especie de brújula en mi vida que me sirvió para elegir a las personas de las que me he rodeado y en quienes he ido confiando a lo largo del camino.

Ahora me encuentro en otro momento vital en nuestra relación madre-hija, pienso que de alguna manera he vuelto a valorar todas las virtudes que siempre tuvo, y es que ahora yo también soy madre y vivo en mis propias carnes lo mucho que se quiere a un hijo, lo que somos capaces de sacrificar por ellos y me veo reflejada en la historia de mi madre en muchas ocasiones.

Imagino que con mis propias hijas me equivocaré también y estoy segura de que habrá momentos en los que nuestra relación será difícil pero entonces, espero poder mirar a mi madre y pensaré que todo está bien mientras esté junto a ellas, acompañándolas aunque sea de lejos en el camino de su vida, dándoles su espacio y manteniendo ese vínculo sagrado del que mis hijas pueden pensar alguna vez que se desvanece, pero yo, su madre, sabré que siempre estará ahí, con paciencia y mucho amor les enseñaré que hay cosas que nada ni nadie puede romper, como tú siempre has hecho conmigo. GRACIAS MAMÁ.

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